
Ostenta el título desde 2005 pero tal honor no le ha henchido el ego lo más mínimo y desde entonces no ha crecido ni un solo milímetro.
Tan poquitilla cosa es esta mascotilla -como se ve en la imagen de la izquierda, no es más grande que una lata de coca cola y sus diminutas patitas son poco más anchas que un alambre- que la pobre perrita ni siquiera puede ladrar.
Su dueña Paulette Keller la recogió cuando tenía 9 meses. “Cuando la compré acababa de perder a mi chihuaha de 14 años. Al ver a Brandy me enamoré”, cuenta. “Con un perro como éste, una tiene que ser muy cuidadosa. No puede saltar a ningún lado porque sus piernas son demasiado frágiles”, añade. Y dice: “Puede caminar bien pero cuando hay niños tengo que alzarla porque se asusta demasiado”.
2 comentarios:
me parece grande
Yo creo que está algo obesa, sinceramente.
jiji
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